La razón de mi pasión

La razón de mi pasión

Muchos me preguntan porqué dediqué mi carrera a la diversidad sexual, siendo que podría tener más pacientes y más dinero si me dedicara a los problemas típicos de salud mental, como cualquier Psicólogo. Muchos me preguntan por qué me involucré tanto en el tema, al punto de salir a marchar en el día del orgullo gay por ejemplo y tienen razón. He dedicado mi vida a defender los derechos de personas LGBTI (lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersexuales), al punto de salir a marchar alzando la bandera multicolor, dedicar mi tiempo libre a escribir artículos para educar a la sociedad y desmitificar prejuicios y dedicar todas mis investigaciones científicas a la población trans. Muchas personas me atacan por las redes sociales diciéndome que soy lesbiana y que salga del closet, como si uno no pudiera luchar por una causa que no te toca a ti directamente y la verdad es que si fuese lesbiana, lo diría a los cuatro vientos, orgullosa de mi, ya que admiro a las personas de la diversidad sexual. No debe ser fácil crecer desde el rechazo, los prejuicios y la discriminación y estar de pie igual.

 

Cuando realicé mi práctica profesional en el año 2005, lo hice en la unidad de VIH/SIDA de un hospital público. Fue allí donde por primera vez tuve sentada frente a mi a una persona trans que ejercía el comercio sexual. Ahí estaba, la PERSONA, no la caricatura que pintaban los medios, sólo un ser humano profundamente dañado. Recuerdo que me mostró su estómago y estaba lleno de cicatrices de ataques de grupos neonazis y transfóbicos. Ejercía el comercio sexual ya que tuvo que dejar la escuela por el terrible bullying del que era víctima y porque su familia la echó de la casa cuando comenzó su transformación corporal. Ahí estaba. La PERSONA. Llorando, contándome sus penas, mostrándome su dolor. Quedé impactada y conmovida. No entendía por qué tanto odio, tanto rechazo. Esa persona, que nunca olvidaré, me contó que no podía encontrar trabajo ya que no podía cambiar su nombre y sexo en su cédula de identidad, ¿cómo sacarla del comercio sexual entonces?. Ahí me di cuenta de la injusticia legal, donde no se le permitía a las personas trans cambiar su cédula, dejándolas sin más que ejercer la prostitución, poniendo en riesgo sus vidas. Esa persona me marcó profundamente. A pesar de su dolor, a veces sonreía y reíamos juntas, hasta que un día no volvió más a terapia. Cuando la comencé a buscar, me dijeron que había muerto, asesinada en la calle. Recuerdo que se me cayeron las lágrimas. Estaba encariñada con mi paciente, conmovida por su situación y no podía entender qué era lo tan malo que había hecho como para merecer la muerte. La noticia no salió en televisión. Era como si su cuerpo no importara y así como ella, conocí a muchas personas trans con la misma historia: rechazo, ilegalidad, comercio sexual. Un círculo vicioso perverso que no se podía cambiar. Comencé a cuestionarme el género, ¿por qué existían personas que desarrollaban una identidad de género distinta al que se suponía que socialmente debían desarrollar según sus genitales? y así comenzaron mis primeras investigaciones y publicaciones científicas. En ese mismo año, mi mejor amigo de la escuela nos reunió a todos sus amigos más cercanos y nos reveló que era gay. Viví junto a él el rechazo de su padre, la prohibición de traer parejas a su casa, el rechazo de algunos compañeros del colegio. Desde que él me contó que era gay, comencé a sentirme incómoda en las discoteques cuando sonaban canciones como “pluma gay” que todos bailaban sin cuestionarse nada, mientras yo me preguntaba, ¿cómo se sentiría mi amigo si estuviese allí cuando todos se burlaban de los gays con esa canción? Y entonces dejé de bailarla.

 

Decidí que algo tenía que hacer. No podía ser tanta la injusticia. Comencé a investigar y publicar en revistas científicas para poner el tema en el tapete en la comunidad psicológica. También me hice activista. Salí con mi amigo a marchar por los derechos de la comunidad gay, alzando la bandera multicolor. Comencé a escribir artículos para educar a la población acerca de las personas gay, lesbianas, trans y bisexuales y mi consulta comenzó a llenarse de gente de la diversidad sexual. Más que un trabajo, era (y es) una actividad que disfruto a niveles que no puedo describir. En mi consulta las personas LGBTI pueden darse un respiro. Nos tomamos un café mientras conversamos y mientras intento levantar sus autoestimas, reparar el daño y ayudarles a aceptarse a pesar de una vida de discriminación y rechazo. Me gusta cuando puedo sentarme con una persona, ofrecerle un café, mirarlo a los ojos con aceptación y cariño porque siento que eso ya en sí es terapéutico. Me comenzaron a llamar de la televisión para conocer mi opinión acerca de la adopción por parte de parejas gay o lesbianas y acerca de los niños transgéneros y así fue como me especialicé en diversidad sexual. Hace dos años llevé un proyecto al Colegio de Psicólogos de Chile, donde conformé la Comisión de Género y Diversidad Sexual, donde ejercí como Coordinadora. Hicimos comunicados públicos rechazando las terapias reparativas de la homosexualidad, apoyando la adopción de parejas del mismo sexo, entre otros. Incluso llegué hasta el Congreso, a presentar los mitos y evidencia científica acerca de los niños criados por parejas del mismo sexo. En todas estas instancias e inclusive en mis artículos para medios de comunicación, utilicé el método científico y sólo presenté los hechos que estaban apoyados por evidencia y asociaciones científicas, porque creo que nada saco con exponer mi punto sólo desde la profunda compasión me mueve a hacer estas cosas, sino que debo educar a la población desde la ciencia.

No me molesta que me digan lesbiana, que soy monotemática y de que salgo a marchar con los gay. Seguiré luchando porque creo que mi carrera implica un compromiso social y cuando has sido testigo de ataques, violencia y asesinatos, es tu deber hacer todo lo que esté a tu alcance para que esa situación no se repita. Sepan que cada articulo que escribo para medios de comunicación, vienen desde lo profundo de mi corazón y los escribo cuidadosamente, haciendo toda una investigación previa en medios científicos. Sepan que no hay una sola que cosa que haga que no sea desde el corazón, la empatía y la pasión que me mueve a ser activista LGBTI. Les agradezco que me hayan dejado ser parte de esta lucha aún cuando no pertenezco a la diversidad sexual. Gracias por dejarme marchar con la bandera multicolor en alto. Gracias por abrirse conmigo en llanto. Gracias por seguir luchando, a pesar de todo el dolor que llevan sobre sus espaldas. Yo seguiré ejerciendo mi carrera con pasión, ese es mi compromiso, porque el día que no exista pasión en mi boca y en lo que hago, dejaré de ejercer la Psicología y me dedicaré a otra cosa, porque soy una convencida de que esta carrera es para ejercerla desde el corazón.

 

Gracias infinitas.

 

Janet

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